Terapiahumana,acompañadadiscretamentepor IA.
Un terapeuta real para las conversaciones que importan. Un coaching IA para los momentos intermedios — cuando el terapeuta no está, pero tampoco quieres estar sola.

Un acompañamiento que empieza contigo y se queda contigo.
La mayoría de las plataformas de salud mental te dejan a solas entre una sesión y la siguiente. Nosotros pensamos que ahí — en los siete días intermedios — es donde vive casi todo lo importante.
Terapia individual
Sesiones de 50 minutos con psicólogos colegiados. Por videollamada o, si estás en Barcelona, en nuestra sala del Eixample.
Coaching IA
Un compañero entre sesiones — para anotar un pensamiento a las tres de la mañana, o para practicar una conversación difícil antes de tenerla.
Seguimiento clínico
Tu terapeuta revisa — con tu permiso — lo que compartiste con el coach, para que cada sesión empiece donde la última terminó.
Cuatro pasos, ninguno apurado.
Empezar terapia suele sentirse como mucho. Lo hemos hecho sencillo — sin cuestionarios de cincuenta preguntas, sin diagnósticos previos.
Una conversación breve
Veinte minutos con una de nuestras coordinadoras. No es terapia todavía — es para entendernos.
Te presentamos a tu terapeuta
Elegimos dos o tres perfiles que podrían encajar. Tú decides. Si no funciona en tres sesiones, cambiamos.
Empezamos a trabajar
Sesiones semanales o quincenales. Tú eliges la cadencia. El coach IA queda disponible desde el primer día.
Ajustamos cuando haga falta
Cada seis semanas revisamos juntos cómo va. Sin compromiso de permanencia, nunca.
No reemplaza a tu terapeuta. Lo acompaña.
El coach IA de Serena conoce lo que has compartido con tu terapeuta — solo lo que tú autorices. Te ayuda a aterrizar pensamientos, practicar conversaciones, registrar momentos.
No da diagnósticos. No prescribe. Cuando detecta algo urgente, te pone en contacto con una persona real — generalmente en menos de cinco minutos.
Ir a terapia una vez a la semana siempre me pareció poco. Con Serena, mi terapeuta está los miércoles — y el coach está el resto de los días. Es la primera vez en años que no siento que me quedo a mitad de frase.